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28 de febrero de 2015

Reflexiones finales del mes.



Yo creo fuertemente en que si existe la retribución, llámenlo karma, justicia divina, suerte, ¿Destino? 
Lo que sea y como desencadene siempre sucede y nadie, pero nadie se escapa de “eso”. 
Hubo una serie de anime que ame porque el punto central de la historia no era el bien contra el mal, los tipos con los poderes inhumanos y los héroes que luchaban contra ellos, tampoco las intrigas y el drama; lo que más me hizo amar la línea de la historia era el planteamiento y apego total a la idea de que “para obtener algo, siempre debes sacrificar algo a cambio”, la Ley del Intercambio Equivalente.
 
Pareciera un poco ridículo, y algunos puritanos dirán que la historia al final no iba solo de eso, pero aquí lo que trato de explicar es que en la cultura actual del mundo, sea a través de libros, televisión o cine, cada vez más tratan de vender la imagen que si haces algo contra alguien tarde o temprano deberás recibir o dar un pago en cambio.

La cultura oriental, habla de la causa y el efecto, sobre realizar una acción y provocar una reacción, y yo me he convencido que solo con ser buenos no logramos lo que nos proponemos; con ser “malos” de vez en cuando en “cierta medida” tampoco atraemos todos los males de la vida hacia nosotros. 

Es obvio que si dañas a alguien en algún momento vas a pagar por ello, quizás ya lo hayas olvidado y de pronto algo suceda y ni siquiera entiendas porque está pasando eso “malo”, pero es cuestión solo de hacer un poco de memoria para entenderlo.

Puede que todo haya ido mal durante mucho tiempo por más esfuerzos que se hayan hecho, por más lucha que se haya realizado, y luego las cosas comienzan a mejorar para dar un giro totalmente distinto y comenzar a recibir “bendiciones”, la “suerte” cambia. Pero, ¿Qué tal que realmente todo no sea otra cosa que los pagos y los cobros que la vida, si así quiere decirse, nos hace por cada acto u omisión?

Tan simple como me ha sido darme cuenta después de tantos años que soy tan esclavo de mis decisiones y los pensamientos que las provocaron, tal vez la influencia de quien genero la idea en el aura de los sentimientos que de pronto nacen y luego mueren en un instante. 

Desearía poder decir que tengo las respuestas a todas mis preguntas, que si todo lo que hasta hoy he hecho ha sido lo que debía hacer y principalmente que, todo cuanto he hecho y dejado de hacer por otras personas siempre ha sido lo correcto, sí que desearía poder tener la seguridad de decir, he sido justo y no había más por hacer.

Pero nunca tendré esa total seguridad porque aun cuando creamos hacer un bien, solo el tiempo dirá si realmente no era más un daño que otra cosa. En este punto solo puedo estar en paz con todo lo que hice de todo corazón: esos besos que di con toda la fuerza que le dieron mis emociones, esa sensación de entrega que nunca ha sido fingida, la incondicionalidad de dar cuerpo, corazón, alma y mente cuando ha sido necesario y cuando no era más que a suplicas egoístas que terminaron en tristeza.

Soy consciente de todos los errores que he venido cometiendo durante toda mi vida, y los que sigo cometiendo plenamente consciente que pronto la vida me entregara esa factura y tendré que pagar.

Es un juego suicida el vivir la vida pensando que nunca hay consecuencias.
Es una novela trágica pensar que ser libre significa hacer todo lo que quieras.

No soy tan libre como me creía, pero tampoco soy tan esclavo de los las circunstancias si las decisiones que tomo las hago consciente de presente y del mañana. 


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